Retratos de José Luis Rodríguez y Lila Morillo, realizados por Tito Caula, que serán presentados en la muestra "Tito Caula: el registro inagotable" - Foto: Nelson González Leal

Tito Caula y el amor a primera vista por una Caracas alucinada. Contrapunto.com

noticias | 23 marzo, 2017

El “registro inagotable” de un autor que no quiso ser autoral se presenta en la Sala TAC

Por Nelson González Leal.-El domingo 19 de marzo se inaugura, en la Sala TAC de Paseo Las Mercedes, la muestra fotográfica “Tito Caula: el registro inagotable”. Conversamos con la curadora Lorena González Inneco sobre las particularidades de la exposición
Dante Gastaldoni, periodista, investigador especializado en fotografía y curador brasileño, me dijo una vez que “la mirada extranjera torna exótico todo lo que ve”. La frase surgió durante una conversación sobre fotografía en un hotel de Brasilia, justo cuando la ciudad cumplía 50 años de fundada y revisábamos algunas imágenes tomadas en función de conmemorar aquel aniversario. La observación de Gastaldoni se me quedó grabada casi como una fórmula litúrgica, de la que suelo echar mano cuando intento fotografiar lugares extraños o ajenos, y también cuando reviso trabajos realizados en Venezuela por fotógrafos foráneos (las imágenes de Cristopher Anderson en Capitolio, por ejemplo, tienen para mí esa retórica exótica, aun en lo estético).

No descuido, sin embargo, que la frase de Gastaldoni aplica, en su medida justa, a la condición de “extranjero”, o lo que es igual, a quien está de paso y no se interesa por involucrarse y en consecuencia observa el entorno con cierta levedad. Esta observación generará un registro marcado por la distancia objetivadora (ruda y cruda), el formalismo estético (violencia en la construcción de las formas) y la extravagancia (situaciones siempre fuera de orden). Y tampoco obvio que ese “estar de paso” y “no interesarse” puede suceder también por elección o por imposición, aunque no entraré aquí a comentar estas situaciones, por no venir al caso, puesto que lo que atañe es precisamente una situación contraria, la de Tito Caula, fotógrafo nacido en Argentina que llegó a Venezuela en junio de 1960, a los 34 años de edad, ya casado y con una hija de meses.

De Caula –que decidió, luego de una visita mañanera al mercado Guaicaipuro, quedarse en Venezuela, pues su destino en junio de 1960 era la producción de una película en Brasil, donde haría la foto fija– tendremos la oportunidad de apreciar 73 fotografías, en una muestra curada por Lorena González Inneco, que será inaugurada mañana a las 11:00 am, en la Sala TAC de Paseo Las Mercedes.

Registro del montaje para la exposición del fotógrafo argentino-venezolano Tito Caula, en la sala TAC del C.C. Paseo Las Mercedes. Caracas, Venezuela.

Lorena González. Curadora de la muestra Tito Caula: el registro inagotable. Foto: Nelson González Leal.

Esta exposición lleva un nombre que, de entrada, puede causar el mismo efecto que la inmersión en el archivo del fotógrafo ha causado en la curadora: vértigo. Se llama Tito Caula: el registro inagotable. Pero no se amilane usted, estimado lector, ante esta especie de advertencia, aunque el archivo de Tito Caula es inmenso (tan solo 30 mil negativos se revisaron para componer esta muestra) y su registro abarca una diversidad tal que llevó al también fotógrafo y curador artístico Vasco Szinetar a asegurar que Caula es “uno de esos fotógrafos que ya no existen: los que hacen de todo”. Lorena González revela que si bien “el trabajo de Caula abarca todos los géneros, lo hace de manera muy puntual, y esto es algo que, junto al vértigo que produce enfrentarse a esos miles de negativos, produce también una sensación de felicidad”.

En todo caso, lo más probable es que viva usted una experiencia similar a la de la curadora cuando abandona el archivo fotográfico de Tito Caula, luego de una jornada de trabajo: “Cuando entro al archivo de Caula me pasan cosas como salir a la calle y verme como si fuera uno de sus retratos, es decir, salgo alucinada”.

Lorena se ha sumergido en tres oportunidades en el inmenso y diverso archivo fotográfico de Tito Caula. La primera vez lo hizo para la muestraBonadies+Caula: Cartografías de un territorio compartido , realizada en el marco de PhotoEspaña 2015, dentro de la Sección Oficial/Otras ciudades. La segunda, trabajó con Vasco Szinetar para la selección curatorial de la edición del PhotoBolsillo Tito Caula, para La Fábrica, editorial española especializada en fotografía. Y esta tercera, para la muestra Tito Caula: el registro inagotable.De allí que Lorena resulte una voz autorizada, tanto para dialogar sobre los aspectos conceptuales, técnicos y estéticos de la obra fotográfica de Caula, como para conocer las anécdotas que terminan por darle cuerpo a una figura que apenas hemos tenido la ocasión de conocer a través de las imágenes que produjo.

Registro del montaje para la exposición del fotógrafo argentino-venezolano Tito Caula, en la sala TAC del C.C. Paseo Las Mercedes. Caracas, Venezuela.

Durante el proceso de montaje. Foto: Nelson González Leal.

Por ello es que, al comentarle sobre esa fórmula litúrgica de la que siempre echo mano, me dice que con Caula no funciona porque su mirada sobre la ciudad es cálida y cándida, es una mirada que “establece una dramaturgia vinculante, un carácter narrativo que envuelve” porque se encuentra lleno de “mucho enigma, pero también de mucha certeza, y sobre todo de intuición”.

En este punto no consigo evitar una comparación con el registro urbano realizado por Leo Matiz, fotógrafo colombiano que trabajó en Venezuela y con quien Caula tuvo relación estrecha. Matiz ejerció el reporterismo gráfico y es considerado un renovador del fotoperiodismo. La comparación que hago parte de las desigualdades, pues si bien es probable que la proximidad con Leo Matiz haya posibilitado el ingreso de Caula en el terreno del fotoperiodismo y en el del registro urbano (Caula venía de una importante trayectoria en la fotografía cinematográfica argentina, había trabajado durante siete años haciendo foto fija para S.A. Lumiton Cinematográfica Argentina), en el fotoperiodista colombiano se observa mayor sujeción al formalismo técnico, además de una importante carga esteticista al momento de componer sus encuadres fotográficos.

De impecable factura y agudísima capacidad de observación, Matiz resulta un maestro formalista, mientras que Caula se atreve al desenfado, a la búsqueda renovadora en los aspectos técnicos y a un acto compositivo que persigue la innovación, y esto es particularmente apreciable en sus trabajos fotoperiodísticos (más cercanos, desde mi perspectiva, al modo de abordar el acontecimiento que inauguró el maestro de la “cámara cándida”, el alemán Erich Salomon) y en los publicitarios, donde Caula registra la escena total, es decir, el propio proceso de construcción de la imagen final como si se tratara de un making of, pero con la particularidad de que este registro no se reduce a una muestra del “cómo se hace”, sino que elabora una pieza con valor estético propio, independizada del producto publicitario, que funciona como una especie de contracampo del “hacer por encargo”.

Registro del montaje para la exposición del fotógrafo argentino-venezolano Tito Caula, en la sala TAC del C.C. Paseo Las Mercedes. Caracas, Venezuela.

Durante el proceso de montaje. Foto: Nelson González Leal.

Esta coyuntura experimentada por Caula nunca dejó de ubicarlo como “un hombre atormentado”, según revela el curador de arte José Antonio Navarrete, pero al mismo tiempo explica otra de las observaciones de Navarrete: “La finalidad de su trabajo estaba en el cultivo del oficio, más que en el resultado”. Y de esto deja Tito Caula constancia incontestable –reitero– con sus “making of” .

Para la curadora de la muestra Tito Caula: el registro inagotable, el autor es “muy lúdico en sus construcciones y en su repaso de distintos discursos de la fotografía en general, pero desde su toma privada, su cosa secreta”. Y es que Caula resulta un enigma, no solo porque su decisión de no copiar los negativos, de no exponer sus obras –Lorena revela que Caula no copiaba porque para él la foto impresa y colocada en la pared era una foto muerta, era “como matar la acción de la cámara”– dejó escasa información pública sobre su trabajo, sino porque al no estar presente como fuente directa, quedan muchas preguntas sin responder. “Hay muchos enigmas en todo esto, que son naturales cuando se trabaja con un autor que no está vivo”. Sin embargo, el pulso performático, la narratividad de sus imágenes, sumado a ese afán de ser un autor que no quiso ser autoral, es una vía de contradicciones que le otorgan contemporaneidad a todo su archivo. Al preguntarle a Lorena –una pregunta que a este nivel sé que no debe hacerse, pero igual la hago– si dentro de la diversidad de registros de Caula tiene ella algún favorito, responde que “la ciudad nocturna, el retrato urbano sin gente, y el publicitario, porque ambos presentan una exploración profunda del personaje y de la escena”.

“Todo el archivo de Caula es una gran película sobre la sociedad venezolana de los años 60 y 70” –agrega Lorena– y atribuye este logro al nacimiento de un amor a primera vista por un país y una sociedad que además de estar saliendo de una dictadura, se mostraba muy progresista para construir un entorno democrático.

Registro del montaje para la exposición del fotógrafo argentino-venezolano Tito Caula, en la sala TAC del C.C. Paseo Las Mercedes. Caracas, Venezuela.

La curadora Lorena González frente a la imagen a la entrada de la muestra. Foto: Nelson González Leal.

Caula es un fotógrafo de contenido, alguien cuya mirada –como pregona ese anuncio de Cerveza Caracas que aparece en su fotografía nocturna de Sabana Grande– “lo tiene todo” para captar el significado del momento, sin ataduras, incluso, a cualquier intento de depuración técnica, aunque se mantenía al día tecnológicamente. Quien se aproxime a sus fotografías con atención y soltura descubrirá la impronta de un trabajo de “artesano comprometido con la cámara, con el revelado, con todo el proceso”, como lo indica también José Antonio Navarrete. Este artesano de la imagen fotográfica es un descubrimiento para la fotografía latinoamericana e internacional, junto a Alfredo Cortina, otro cultivador de “momentos íntimos” para fotografiar frente a las demandas cotidianas de la sobrevivencia laboral. Ambos, Cortina y Caula son “misterios revelados” gracias al esfuerzo investigativo del equipo del Archivo de Fotografía Urbana (AFU), auspiciante, junto a la Embajada de la República Argentina, de Tito Caula: el registro inagotable.

Lorena González Inneco forma parte del AFU y me cuenta que desde la institución tienen claro que el trabajo que realizan debe “establecer un diálogo más poético de las relaciones y los subterfugios que puedan existir dentro del Archivo, desde una perspectiva transversal, alejada de la rigidez historiográfica”. Esto debe suceder, por ejemplo, entre esa especie de demiurgia de la ambigüedad que va a contracorriente de la escenificación propia del retrato, practicada por Cortina, y las fotografías de Tito Caula que constituyen “una mirada sobre nosotros como sociedad, con un carácter sociológico importante, de situaciones, de espacios, de ambientes”.

Ese mismo carácter humano y lúdico de las representaciones de Caula “da mucho entusiasmo” –puntualiza Lorena González Inneco. Y ese entusiasmo se evidencia en lo que ha sucedido a todos los involucrados en la muestra: Felix Suazo, Vasco Szinetar, Pedro Quintero, Lorena González Inneco. Ellos han pasado estos días como unos niños, tomándose selfies con la foto de entrada a la sala TAC, que ilustra además el desplegable de la muestra, y colgándolos en Instagram. Lorena comenta –con entusiasmo, es cierto– que en algún momento se preguntó: “Bueno, ¿qué está pasando en esta sala?”, y su respuesta es que “hay una gran energía, que solo logro comprender como un diálogo especial con nosotros mismos generado por esa visión de Caracas y de nuestra sociedad que presenta Tito Caula, que no es la de una memoria distante, sino la de una lectura de un alma y de un país que tiene aún mucho que decir y mucho que dar”.

Ante esto, no cabe duda, me guardo en el bolsillo trasero la frase de Gastaldoni –o en algún lugar distante de la memoria–, porque Caula, Tito Caula, ese autor enigmático que no quiso ser autoral, que llegó de la Argentina dictatorial a la Venezuela democrática y renaciente de los 60, no es un extranjero, nunca lo fue, y no solo porque hizo vida aquí, no solo porque tuvo descendencia (hijas que han sabido honrar su legado), sino porque su registro fotográfico sobre la ciudad y sus pulsiones tienen la factura propia de esos fotógrafos que existen poco: aquellos que hacen de la fotografía su nación, y que además son inagotables.

A continuación, una breve selección de lo que podrá verse en la muestra Tito Caula: el registro inagotable, que será inaugurada mañana en la Sala TAC de Paseo Las Mercedes, a las 11:00 am:

tito 6

Luis Miquilena y Vidalina Bártoli, en el Congreso. Caracas, circa1960

tito 7

Concentración de Acción Democrática y otras fuerzas políticas en El Silencio, Caracas, circa 1960

 

tito 8

Los presidentes John F. Kennedy y Rómulo Betancourt. Caracas, 1961

 

tito 9

Autopistas (túnel). Caracas, circa 1963

 

 

Avenida Bolívar. Caracas, circa 1970

Avenida Bolívar. Caracas, circa 1970

Sin título, circa 1970

Sin título, circa 1970

Industria, circa 1970

Industria, circa 1970

Modelos, padres e hijos, en futuro viaje en avión, circa 1970

Modelos, padres e hijos, en futuro viaje en avión, circa 1970

Edificios Fisheye Plaza Venezuela, circa 1970

Edificios Fisheye Plaza Venezuela, circa 1970

Desireé Rolando, Miss Venezuela, 1973

Desireé Rolando, Miss Venezuela, 1973

Teodoro Petkoff, político y editor, 1976

Teodoro Petkoff, político y editor, 1976

Jorge Luis Borges, 1978

Jorge Luis Borges, 1978

http://www.contrapunto.com/noticia/la-obra-de-caula-es-una-gran-pelicula-sobre-la-sociedad-venezolana-de-los-anos-60-y-70-127075/

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